La vigilancia del agua en piscinas, clave para evitar infecciones en plena ola de calor
La primera ola de calor del verano ya está a las puertas. Las previsiones meteorológicas apuntan a temperaturas superiores a los 40 ºC en amplias zonas del país durante los próximos días, una situación que llevará a millones de personas a buscar refugio frente al calor en piscinas, parques acuáticos, spas y otras instalaciones recreativas. En este contexto, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) recuerda que disfrutar de un baño seguro depende de una cuestión tan importante como a menudo invisible: la correcta vigilancia sanitaria del agua.
El incremento de usuarios previsto para este fin de semana y las próximas semanas convierte el control higiénico-sanitario de las piscinas en un elemento clave de salud pública. Detrás de cada instalación segura existe un trabajo continuo de análisis, prevención y mantenimiento desarrollado por profesionales especializados en Sanidad Ambiental para evitar la proliferación de microorganismos potencialmente peligrosos para la salud. Solo en nuestro país existen más de 1,2 millones de piscinas privadas de uso familiar o comunitario y más de 70.000 piscinas de uso público. Todas ellas están sujetas a una estricta normativa sanitaria encabezada por el Real Decreto 742/2013, de carácter estatal, y las diferentes normativas autonómicas, que establece los criterios técnico-sanitarios que deben cumplir estas instalaciones para garantizar la seguridad de los usuarios.
"Cuando las temperaturas se disparan, como ocurrirá durante esta primera ola de calor, aumenta de forma exponencial el uso de piscinas y espacios acuáticos. Precisamente en esos momentos es cuando más importancia adquiere el trabajo preventivo de los profesionales de la Sanidad Ambiental para garantizar que estas instalaciones sean seguras para todos los usuarios", señala Manuel García Howlett, director general de ANECPLA.
UN AGUA APARENTEMENTE LIMPIA PUEDE ESCONDER RIESGOS SANITARIOS
Las actividades recreativas en piscinas y otras instalaciones acuáticas pueden exponer a los usuarios a diferentes enfermedades infecciosas cuando el agua no se encuentra adecuadamente controlada. Entre los microorganismos que pueden aparecer destacan bacterias como Pseudomonas aeruginosa, Escherichia coli, estafilococos o estreptococos fecales; virus como los norovirus; y protozoos como Giardia duodenalis o Cryptosporidium, responsables de numerosos cuadros gastrointestinales en todo el mundo.
La presencia de Escherichia coli, por ejemplo, constituye un indicador específico de contaminación fecal y obliga al cierre inmediato de la piscina para proceder a la desinfección del agua. Basta una cantidad mínima de materia fecal, equivalente a unos pocos granos de arena, para comprometer la calidad sanitaria de una instalación.
Por su parte, Pseudomonas aeruginosa puede provocar infecciones cutáneas y auditivas tan frecuentes en verano como la conocida "otitis del nadador" o la denominada "foliculitis de la bañera", caracterizada por la aparición de erupciones y lesiones en la piel. "El riesgo no siempre es visible", señala García Howlett. "Un agua cristalina no garantiza necesariamente que sea un agua segura. Precisamente por eso son imprescindibles los controles analíticos periódicos y la supervisión profesional de todos los parámetros sanitarios”.
EL EQUILIBRIO QUÍMICO QUE PROTEGE LA SALUD
Entre los indicadores que se controlan diariamente destacan los niveles de cloro y pH, auténticos guardianes invisibles de la calidad del agua. El cloro continúa siendo el principal desinfectante utilizado en piscinas. Su función consiste en eliminar bacterias, virus y otros microorganismos patógenos antes de que puedan afectar a los bañistas.
La normativa establece que los niveles de cloro libre residual deben mantenerse entre 0,5 y 2 miligramos por litro, mientras que el pH debe situarse entre 7,2 y 7,8 para garantizar tanto la eficacia del tratamiento desinfectante como la comodidad de los usuarios. Cuando estos parámetros se alteran, aumentan los riesgos sanitarios y pueden aparecer problemas como irritaciones de piel y mucosas, proliferación de algas o pérdida de eficacia de los tratamientos de desinfección.
Además, determinadas instalaciones como spas, jacuzzis o piscinas climatizadas requieren una vigilancia aún más exhaustiva debido a que las condiciones de temperatura favorecen la proliferación de bacterias como Legionella.
LA SANIDAD AMBIENTAL, UNA PROTECCIÓN SILENCIOSA
Desde ANECPLA recuerdan que la prevención es la herramienta más eficaz para garantizar la seguridad de las aguas recreativas. Una labor que desarrollan diariamente las empresas de Sanidad Ambiental mediante programas de mantenimiento, desinfección, análisis microbiológicos, control de parámetros físico-químicos y aplicación de protocolos preventivos adaptados a cada instalación. "Los profesionales de la Sanidad Ambiental trabajamos para que los riesgos no lleguen a producirse", afirma García Howlett. "Nuestra función consiste precisamente en evitar que un problema sanitario aparezca. Es una labor poco visible para la ciudadanía, pero absolutamente esencial para proteger la salud colectiva”.
Ante la llegada de la primera ola de calor del verano y una temporada estival que los expertos prevén especialmente cálida, ANECPLA hace un llamamiento a propietarios, comunidades de vecinos, gestores de instalaciones deportivas y administraciones públicas para que extremen el cumplimiento de los programas de mantenimiento y control sanitario del agua. Porque disfrutar de una piscina segura no depende únicamente de la transparencia del agua. Depende, sobre todo, del trabajo de prevención que garantiza que cada baño sea sinónimo de salud y bienestar, recuerdan.